Viajes solidarios Abay Etiopía

Category Archives: CASTELLANO

1.076 comments

Amar la música es amar la vida

“Amar la música es amar la vida”, este es el subtítulo del Proyecto del Club Extraescolar de Música que forma parte del Proyecto de Formación de Profesores y de los Clubs Extraescolares que ha puesto en marcha Abay en Gaba Kemisa, en la región de Walmara, en Etiopía.

El objetivo de estos Proyectos no solo es mejorar la formación de los profesores de la Escuela Primaria de Gaba Kemisa, sino también crear espacios de ocio alternativos para niños y adultos. Espacios en los que puedan dedicarse al deporte, la música, el teatro, la pintura ….

Durante el mes de agosto nos dirigimos a Walmara a poner la primera piedra del proyecto. Ibamos cargados de ilusiones, de instrumentos, de partituras, de música… aunque también con muchas dudas. Nuestro cometido era llevar material para dotar el aula de música y realizar unos talleres musicales con el fin de detectar niños y adultos interesados y con ganas de continuar con el proyecto. Pero principalmente queríamos disfrutar haciendo música y compartiendo unos días con las gentes de Walmara. Y allí descubrimos en los 9 días que estuvimos, que la gente de Gaba Kemisa ama la música, ama el deporte, ama su tierra, ama aprender … ama la vida. Nos lo pusieron muy fácil gracias a su gran interés… fuimos a hacer música pero aprendimos otra manera de apreciar la vida, una vida para ellos complicada, difícil y dura.

Desarrollamos cuatro talleres: con los niños y educadoras del aula canguro, con mujeres que forman parte del taller de alfabetización que se desarrolla dentro del Proyecto de Empoderamiento de la Mujer, con un montón de niños que acudían ansiosos a nuestras clases y finalmente con un grupito de unas pocas mujeres que seleccionamos para poder continuar con el proyecto cuando nosotros no estuvieramos allí.

Hicimos actividades de percusión, juegos de coordinación, cantamos, trabajamos ritmos corporales,incluso nos lanzamos con unas pequeñas nociones de lenguaje musical. Pero lo más importante, disfrutamos al compartir una experiencia tan enriquecedora, viendo el interés de todos ellos, sus ganas de aprender y el cariño que nos dieron. ¡Parece mentira lo que da el tiempo de sí, cuando se tienen verdaderas ganas!

Como dice el lema de Abay, los meses  previos nos emocionábamos imaginándolo, pero la verdadera emoción fue haciéndolo.

Los niños y las mujeres acudían diariamente al Centro de Abay tras cuidar los animales, trabajar en el campo, cuidar a sus familias y un montón de ocupaciones más, a hacer música con nosotros. Sin fallar ni un solo día. Cada día se presentaban más y más, hasta el punto de no llegar a caber en la Biblioteca que era donde impartíamos nuestras clases.


En los vídeos se puede apreciar una pequeña muestra de esta experiencia, aunque la verdadera experiencia y todo lo que aprendimos de las gentes de Walmara no se puede plasmar en imágenes… está en nuestras retinas y en nuestros corazones.

Ahora queda la segunda parte, que un profesor etiope continúe con el proyecto hasta nuestra vuelta a Walmara y así nuestro Proyecto de Club Extraescolar de Música se convierta en realidad.

1.510 comments

Me voy a Walmara

Lo que empezó como un sueño lejano en cuestión de horas se precipitó. Los sueños si se cumplen si los deseas con fuerza. Pasé de leer wasp de la gente que preparaba su viaje a Walmara a ser yo quién los escribía. Me iba a Walmara, aún quedaban meses y parecía que no iba a llegar nunca. Esos meses los pasamos trabajando duro, quedando, conociéndonos. Éramos 7 y formábamos un gran equipo, además de los que, aunque no viajaban curraban a tope. Teníamos que conocernos, encajar las ideas de todas para formar una sola, crear una escuela.

¿Estarían las aulas terminadas cuando llegáramos?, ¿cómo serían?, ¿podrían ir los niños nuevos? ¿Cómo serían las profes? ¿Nos recibirían con alegría o pensarían que estábamos locas? Incluso diseñamos los bancos para comer, la alacena de almacenamiento de la cocina, las mesas de los niños, percheros… cosas que siempre nos han dado hechas, o como mucho habíamos seleccionado de un gran catálogo con miles de opciones. Aquí no, todo es Artesanal, se encarga a unos carpinteros de una Asociación de minusválidos en Addis Abeba.  Luego llevarlos es otra aventura. La gran alacena sigue esperando la época seca a mitad de camino en casa de un amable granjero. Algo que desde aquí nos parece increíble y al poner un pie en el camino lo que te sorprende es que el resto de los muebles estén en su destino.

Intentas encajar las piezas del puzzle, imaginas caras, funciones, nombres que has oído miles de veces, descripciones que te han contado una y otra vez con infinita paciencia las personas que ya han estado, pero las piezas del puzzle no encajan. Incluso has visto fotos de allí una y otra vez… pero No eres capaz de montarlo en tu cabeza.

Con las maletas a tope de material para los Kanguritos y sobrepeso de ilusión llega el día esperado.

Llegamos a Addis, 3.00 am y tras pasar las 24 maletas sin que las abran, (aún no nos lo creemos) EMPIEZA LA AVENTURA. A pesar de no haber dormido nada en todo el viaje, hay muchas cosas que hacer y hay que ponerse en marcha, vorágine de compras con Merkato incluido, pelea con los 4×4 para que nos lleven sin entender muy bien los motivos, pasamos por finanzas donde tras dos intentos y apagón de luz, nos sellan los proyectos de apadrinamiento y deportes,  negociaciones, regateos… y por fin en marcha, tarde, pero en marcha. Un grupo ha salido antes y ya nos van avisando, hay que llamar a los Garis. Primera pieza del puzzle que hasta que no estás subida en uno de ellos no eres capaz de encajar. Es de noche, y aquí nos tienes a las 3 con Eshetu (que hariamos sin Eshetu…) esperando a Adugna con los garis. Adugna, pieza fundamental de Abay.  Adugna es el encargado del centro, siempre que necesitas algo, llamas a Adugna, se oye su nombre una y otra vez como una cancioncilla. Que no hay agua, Adugna, que llaman a la puerta, Adugggggna, que hay que avisar a una familia, Adugna, que no te cuadran los nombres con las fotos, Adugna, que hay que encender el generador, Adugna… y él siempre contesta con una sonrisa y un No problem, que luego como buen etiópe, ya veremos si se ha enterado o si se pone a ello. Pero es que allí la vida no corre como aquí, allí hay tiempo para todo. Pues como un héroe con sus apenas 25 años, nos saca de allí en medio de la oscuridad, cargamos los Garis y nos ponemos en marcha.

Llegamos y tenemos al comité de bienvenida. Abonesh, Motuma, Dejene… Aunque en este instante el cansancio hace que las piezas no sigan encajando.

Pero al día siguiente ya todo empieza suavemente a colocarse. Abonesh siempre está allí donde se la necesita, en ocasiones le hablas castellano hasta sin darte cuenta, es tan perceptiva, las pilla al vuelo. Siempre sabe lo que quieres, lo que necesitas, lo que quieres transmitir, y la pobre sufre nuestra llamada constante, para formar a las profes, para encender el queroseno, hasta para la sal o el azúcar, que nunca está donde lo dejamos, jejeje

silviaaaaaaaaaaa

Con una buena dosis de café analizas despacio el centro. Ahora todo cuadra, las miles de imágenes de tu cabeza de las aulas, el comedor, el patio… todo se coloca en tu mente. Aún no te crees que estés aquí. Tienes los dos pies en Gaba Kemisa. Que esta es otra… Walmara es la comarca que se compone de Gaba Kemisa (dónde está el centro y el colegio de Bacho) Dilu y Hidy. Será que Paco no me ha explicado esto veces… pero hasta que no llegas allí como que no lo colocas en tu mente. Son cosas, detalles que no priorizas en tu casa y allí se vuelven fundamentales para entender muchas cosas.

Y allí plantada en el centro vas girando 360º El cuarto de voluntarios, el almacén futuro Taller textil, el comedor y cocina, un aula, otro aula, la tercera, el cuarto aula que será a partir de ahora el aula de enlace (donde hemos dormido las 7 como en un gran Hermano) la biblioteca y centro social, dónde comemos, charlamos, bailamos… La puerta de entrada y vuelta a empezar. En el centro un gran patio cubierto y otro más pequeño. Gran trabajo de Eyob, el constructor, que también ha pasado a formar parte de Abay con su entusiasmo y perseverancia. Y al que también conocimos.

Las 7 educadoras, que por los problemas de idioma cuesta un poco más conocerlas, pero que poco a poco se han ido metiendo en el corazón. Todas ellas forman un gran equipo y dan muchísimo cariño a los niños. Al principio les costó un poco interiorizar todo lo que llevábamos, el nuevo horario, nuevos materiales, y el trabajo específico de niños con necesidades educativas especiales (esto especialmente pues allí estos niños son escondidos por sus propias familias), pero finalmente fueron ellas quién nos dieron grandes lecciones.

educadoras

Llega la hora de la cena y la cosa se anima. Llega Motuma, el enfermero, con su pícara sonrisa, que con los días nos sorprende con sus canciones. Alemayu, que es tan discreto que pasa totalmente desapercibido, hasta que hay baile de por medio.  Dejene, futuro profesor de informática para el personal Abay. El veterinario, el señor Alcalde y un sinfín de personas que van apareciendo día tras día con su sonrisa etíope por el centro.

Todos ellos y esperamos que muchos más van formando la familia de ABAY, una gran familia de la que estoy muy orgullosa de pertenecer.

Gracias ABAY por brindarme esta oportunidad.

988 comments

¿Y por qué Walmara?

Muchas veces se nos pregunta porqué elegimos Walmara como principal destino de nuestros proyectos y comentamos que fue el Ministerio de Educación el que nos indicó el colegio de Bacho como el más necesitado en alquel momento. Nada mas conocer el lugar nos dimos cuenta que Gaba Kemisa, el kebele de Walmara donde trabajamos, necesitaba ayuda en muchos otros aspectos además del colegio.

Os dejamos unas “letras” de Ismael, trabajador social que colaboró unos días con nosotros principalmente en las tareas de selección de beneficiarios en el programa de apadrinamiento.

“Acabo mi corta estancia en Gaba Kemisa, devorado por las pulgas pero feliz por haber descubierto el verdadero significado de Etiopía (después de 3 meses en Addis Abeba).
La dureza de la vida en el area rural, la humanidad de la gente y  la solidaridad. Gracias Abay (por muchos años).”

Ismael Ribera. Junio 2013

walmaraISM

1.239 comments

Me voy a Walmara

Desde que era una adolescente atolondrada, me atraía la idea de ir a “ayudar a los demás lejos de casa”.

Nunca hubo tiempo.

Había que estudiar, tenía noviete y era una tragedia dejar de verlo durante el verano, no había suficiente dinero para emprender la aventura… Mil razones para nunca cumplir el sueño.

Probablemente no era el momento.

Después vino la boda, buscar un trabajo, tener hijos, buscar la estabilidad… Tampoco encontré el momento.

Ahora ya lo tengo todo. Un marido, una hija, un trabajo, estabilidad… Pero ahora ya no vale el discurso de “ayudar a los demás”.

Tengo todo y no tengo nada.

Necesito encontrar la clave de la felicidad, esa que sale de dentro, la que no se nutre del “tener”.

Necesito saber lo que es la pobreza extrema, esa en la que sobrevivir es tú único tesoro.

Necesito comprender lo que de verdad importa, lo que pone una sonrisa en el rostro en esas personas que me infunden lástima cuando la que realmente da lástima soy yo con mis comodidades.

Y se cruzó Etiopía.

Vino a mí en forma de amor absoluto, sin límites, en forma de hija. Y sin saberlo me caló hasta los huesos, me dio lo más grande y a la vez me quitó un trozo de corazón que se quedó allí.

Abay llegó a nuestras vidas, era el enlace perfecto entre Etiopía y España; y esa idea de loca adolescente regresaba.

Solo hacía falta un empujón.

Seguía sin ser el momento. En nuestra vida loca nunca es el momento. Pero a veces hace falta cometer una locura. Abandonar, aunque solo sea por unos días, a tu gente y embarcarte en el viaje.

Y el empujón llegó. Llegaron las personas correctas en el momento justo.

El apoyo incondicional de los que se quedan esos días realizando mis funciones de madre estaba conseguido.

No se hable más. Me voy a Walmara.

Pero no con la sensación de heroína que ayuda a los demás, sino con la intención de traerme infinitamente más de lo que llevo.

Prometo contarlo todo a la vuelta.

Mercedes Romero.

maestra

1.376 comments

Un gran día

 lorenaywalmara
Amanece…y el cielo es tan azul como todos los días que llevamos en Walmara, contrasta con el ocre de su tierra y la bella austeridad de su paisaje. Hoy no hay clase en las escuelas y toda la aldea tiene por delante el camino hacia la montaña.

gk1

Hoy es miércoles y las coincidencias de la vida han hecho que podamos compartir con todos los habitantes del pueblo, un día de trabajo comunitario. Mientras desayunamos nos cuentan que cuando hacían las canalizaciones del agua para la próxima estación de lluvias, han encontrado dos acuíferos. Salimos con entusiasmo de la casa de voluntarios con Adugna, Alemayehu, Abraham, Motu y un montón de niños que nos llevan de la mano. A lo lejos vemos a mucha gente atravesar la montaña. Los hombres llevan las herramientas de trabajo al hombro y las mujeres cargan con pesadas garrafas de bebida a la espalda.

gk2

A mitad del camino nos encontramos con un montón hombres reunidos alrededor de una charca enorme. La brisa caliente nos trae el eco de las palas y los picos al chocar con las piedras y el agua. Suenan a música, a esperanza y alegría. Seguimos subiendo la montaña, niños, mujeres, hombres, ancianos, hasta un monje, todos vamos en la misma dirección y con una idéntica motivación, entre el polvo y el calor intenso, los cantos y las sonrisas, siempre las sonrisas. Es mediodía, el sol calienta tanto que el paisaje parece derretirse. El trabajo cesa de repente para escuchar la voz del alcalde por megáfono, da instrucciones y consejos, y, junto a una bandera Etíope y una Oromiya, todos se sientan en silencio. Teshome comienza un largo discurso y me pide que le haga fotos, luego le sigue el ingeniero, los alcaldes de las aldeas vecinas, colaboradores… Al final de este acto tan sencillo y repleto de sentido, una niña lee algo que suena muy bonito, parece un poema. Se intercambian regalos. Teshome levanta con orgullo el suyo, un reloj de cocina, y nos lo enseña en medio de aplausos, Eva aprovecha el acto para entregarle un detalle que María llevó de parte del Ayuntamiento de Pontevedra. La tele de Addis ha venido a Walmara para inmortalizar cada momento de este día tan importante.

gk3

Ha llegado el momento de la celebración, las mujeres empiezan a repartir la bebida y la comida. Tela, pan y kolo. Hay para todos, incluso para las farengis.
Las horas pasan muy rápido y ya empezamos a descender la montaña. Es imposible olvidar cada instante, cada sonrisa, cada mirada. La vida a veces nos hace regalos inesperados, y ese miércoles de trabajo comunitario en la montaña ha sido uno de los más inolvidables de nuestro viaje.

gk7

gk9

gk8

gk6

gk5

gk4

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »