Viajes solidarios Abay Etiopía

Monthly Archives: marzo 2014

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Para siempre Walmara en el corazón

Mi primer contacto con Etiopía fue en Agosto de 2.008, cuando viajé a Addis para adoptar a mi hija, fue entonces cuando me quedé prendada de este país y de sus entrañables gentes, me quedé con ganas de volver y adentrarme en su sabana, convivir con ellos y conocer más su cultura, sus costumbres y así empezó nuestra aventura cuando Abay nos dio la oportunidad de ir a este rinconcito del mundo situado a casi setenta kilómetros de Addis-Abeba.

Con nuestra furgoneta cargada, después de recorrer varios kms por carretera asfaltada nos adentramos en la sabana africana por un camino intransitable y un paisaje espectacular, al tiempo que nos íbamos cruzando con algún chiquillo que iba con un burro cargado con un saco de cereales, los niños pastores con su palo en mano saludándonos y así después de recorrer unos treinta kilómetros llegamos al poblado, Gaba Kemisa. Nada más adentrarnos en el poblado, alrededor de nuestra furgoneta numerosos niños gritaban sonriendo… “Faranyi Faranyi” (extranjeros extranjeros). Y en medio de este bullicio llegamos a la puerta del recinto de Abay.

La primera impresión nada más bajar del coche fue que nos iban a comer las moscas, los niños sonriéndonos, tocándonos y todos intentado ayudarnos con nuestro numeroso equipaje. Una vez dentro del recinto empezaron las presentaciones, Adugna el coordinador de ABAY, siempre dispuesto a ayudarte, a acompañarte, sin perder nunca la sonrisa. Motuma, el enfermero contratado por ABAY, super responsable en su trabajo, enseñándonos su consulta y sus medicamentos impecablemente organizados; y fuera de su trabajo una de las personas más simpáticas, divertidas y dispuestas que conocí. Mami, la mujer para todo, pendiente de ir al pozo para que no nos faltara agua, cantando con los niños del aula canguro, limpiando las aulas… persona excepcional. Alemayu, coordinador de deportes, tímido y disciplinado. Abonesh, profesora de inglés y coordinadora del centro, con su contagiosa sonrisa. Dani, el veterinario, que se pasaba los días pendiente de sus animales. Asnakech, profesora del aula de enlace, que con su tímida sonrisa nos saludaba desde la puerta del aula. Molu, la profesora de costura, que además de formar a varias chiquillas, siempre cocinando su famosa enyera; y todas las demás chicas que trabajan con los niños y que forman este gran equipo.

Lucy Fidalgo Pose

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En este viaje puedo decir que hemos trabajado con ellos, reído con ellos, llorado, cantamos, bailamos… fue divertido y emocionante. En nuestra primera tarde ya empezamos con el programa de apadrinamientos, mi compañera Eva impartió clases de inglés a los profesores del colegio de Bacho, los cuales mostraron mucho interés en aprender. A mi juicio fueron unas clases muy productivas, pero también al mismo tiempo divertidas. Mi compañero Edu, nuestro “coordinador logístico”, buscando las coordenadas del centro de salud de Holeta, de la farmacia, de la casa del Gary, un hombre que tiene un carro de caballos y que lleva a la gente de Abay cuando necesitan salir del poblado, fue divertido, toda una experiencia.

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Cada vez que salíamos del recinto, innumerables niños nos acompañaban a todas partes, llamándonos Faranyi, peleándose por darnos la mano y pidiendo a cada momento que les hiciésemos fotos. Las niñas con sus cabezas llenas de trencitas, les llamaba la atención nuestro pelo liso, no parando de tocarlo como si fuera algo excepcional. La gente del poblado nos saludaba al pasar, a la vez que cuchicheaban entre ellos y se reían,  ¡¡a saber Dios por qué…!! jajajaja. Admirable esta gente que con tanta dignidad llevan su inmensa pobreza. Quiero dar las gracias a Abay por darnos la oportunidad de conocer este pedacito de paraíso en este lugar del mundo, y quiero compartir con los socios de Abay que no hayan tenido la oportunidad de ir allí, lo que Abay hace para que estas personas tengan la vida un poquito más fácil.

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Sólo deciros que si tenéis la oportunidad, no dejéis de conocer este paraíso llamado Walmara, donde tras el bullicio del día, escuchando a los niños cantar, reír, llorar y jugar; llega la silenciosa noche donde el cielo es tan limpio y nítido que jamás había visto tantas estrellas en él brillando de una manera tan especial, así como escuchar el silencio de la naturaleza, el cantar de los grillos y el aullar de las hienas, es algo que no hay palabras para describirlo… hay que vivirlo.ç

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Gracias Abay por la inmensa labor que hacéis, gracias a Eshetu y Abraham, representantes de Abay en Addis, por estar a cada momento pendientes de nosotros, y en nombre de mis compañeros y en el mío propio, una de las experiencias más bonitas de nuestra vida que nos ha cambiado un poco a todos… ya siempre habrá un antes y un después de Walmara… no hay palabras para describirlo ni dinero para pagarlo. Ojalá cada vez seamos más Abay, vale la pena por esta entrañable gente y por esta entrañable tierra.

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Abonesh

Los retos de la vida fecha. 24 de noviembre de 2013

Me presento: mi nombre es Abonesh Gashu Jogora, nací en Hovo Guduv Wouoga, Abe Dongovo Wovoda en 1982 E.C 1990.  Mi padre se llamaba Gashu Jorova Gamada y mi madre Jalane Mama Genchu. Mi padre murió cuando yo tenía 1 año. Viví con mi familia hasta los 12 años, hasta terminar 4º curso. No conocí a mi padre físicamente, pero sí su vida. Mi madre me decía “Abonesh tu padre era un caballero, un hombre valiente, un gran trabajador, honesto… lo siento”, me comentaba. Cuando mi madre me contaba estas cosas yo me sentía triste. Sin mi padre, mi madre fue la que me dio todo el amor y los cuidados…Quiero a mi madre cada día más, y la quiero por los dos, por ella y por mi padre. La respeto muchísimo.

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A los 12 años tuve que separarme de mi familia debido a la falta de medios educativos. Donde vivía con mi familia no había facilidades para continuar con mi educación. Por eso, para continuar mi formación, tuve que irme a la zona Oeste con mi hermana mayor, desde 1994 a 1999 (2002 a 2008). Ella se llama Likitu  y es enfermera. Allí estudié desde 5º a 10º curso. Acabé 10º en 1999 (2007).

Durante esos años lo pasé bastante mal… Fue muy muy difícil para mí, un gran desafío en mi vida. Extrañaba a mi madre, mi hermana, mis hermanos, mis amigos, mi pueblo, nuestras costumbres…En esos momentos no tenía amigos. Pero me decía a mí misma: “si paso por tantas dificultades hoy es para mañana tener un buen trabajo y podré ayudar a mi madre”.

En 2000 (2008) empecé los estudios de profesora, por la rama de Idiomas. En esa época siguieron los retos: no tenía suficiente dinero para fotocopias, ni para nada… Cada noche me sentía abatida y pensaba en mis problemas, apenas tenía dinero y tenía que vivir sola.

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En 2002 (2010) me gradué, con buenas notas.  Ese día me sentí muy contenta, y me dije a mí misma: “un escalón, una solución”. Al cabo de unos meses, en 2003 (2011) estaba de profesora en Oromia en una zona alrededor de Finfine, en Walmera Woreda, Gaba Kemisa Kebele, en Bacho Walmara Primary School, en octubre (08/02/2003) empecé a dar clases de inglés a los cursos de 5º, 6º, 7º y 8º, hasta hoy, que sigo enseñando aquí. La vida en Gaba Kemisa es difícil para mí, pues hay pocas facilidades para vivir. Hace 3 años que vivo en Gaba Kemisa y estos años han supuesto otro gran reto en mi vida, mucho, mucho, mucho y mucho!.

Desde Walmara…

Escrito por :

Abonesh Gashu

firma

Desde el año pasado Abonesh es la coordinadora del Proyecto de Empoderamiento que ABAY lleva a cabo en Walmara. Con él se prentende que las mujeres de la región tengan la autoestima suficiente para ser conscientes de sus potencialidades y capacidades, tener voluntad para participar con voz y voto en la vida de su comunidad y, en definitiva, ser dueñas de su propio destino…Así, a través de proyectos dirigidos a mujeres como el Programa de Alfabetización el Taller Textil o el Proyecto de Agricultura, se pretende conseguir su formación, empleabilidad y empoderamiento.
Además, Abonesh ha comenzado a trabajar con una ONG local, Hundee, contraparte local de Abay, para crear un comité en Walmara llamado Siique donde se traten los asuntos que afectan a las mujeres, abordando, con voz, voto y toma de decisiones, situaciones de violencia de género, discriminación, corresponsbailidad, sostenimiento familiar de familias monomarentales….
Y es que Abonesh, no sólo está consiguiendo acceder a sus aspiraciones: está trabajando incansablemente para que otras mujeres de su comunidad sean conscientes de sus sueños y tengan la capacidad y la fuerza necesaria para luchar por ellos…

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El síndrome de abstinencia de Walmara

Much@s compañer@s voluntari@s de ABAY han contado su enriquecedora experiencia durante su estancia en Walmara. A mí, quizás a modo de terapia, me gustaría hablaros del después, de esos días, que ya empiezo a abandonar, que transcurren a la vuelta de este país que hemos hecho un poco nuestro y en los que, ya por tercera vez, siento sensaciones parecidas.

Puesto que el síndrome de abstinencia es aquel conjunto de síntomas que acontecen cuando dejamos de estar en contacto con algo por lo que sentimos dependencia, me atrevería a llamar a esos días como el síndrome de abstinencia de Walmara.

Cuando llegas a Barajas, te invaden, como en casi todo este proceso, sensaciones contradictorias: la alegría por reencontrarte con tu familia, la satisfacción por el trabajo realizado o el alivio por la vuelta a las comodidades se contraponen con los sentimientos de culpabilidad por llegar a un país llamado del primer mundo, de abandono de mayores y pequeños que no sabes si volverás a ver, de incertidumbre por el desarrollo de algunos proyectos, de cuestionamiento sobre nuestro papel allí y cómo lo hacemos….

Tras dormir los dos o tres primeros días a pierna suelta para recuperar la falta de sueño y el cansancio, empiezo a soñar “en negro”, es decir, da igual que me sueñe con mi madre que es de Cáceres de toda la vida, que en mi mundo onírico aparece negra, como mi jefa, mis amig@s…y tod@s entremezlad@s con la gran familia de Walmara. Además, cambio la Plaza Mayor por los caminos de Gaba, cualquier comida de trabajo es con injera y si sueño que voy de viaje, por supuesto lo hago en gari. De locos, no?

En esta sintomatología mi hijo y mi hija se llevan la peor parte: después de abrazarles exageradamente recordando lo que han vivido de pequeñ@s reflejado en la vida de otros menores, les cae el chaparrón cada dos minutos de la necesidad de valorar desde la comida al sistema sanitario, pasando por el agua corriente, la luz y el colegio. Y se cansan de tener que ponerle a todos sus muñec@s de nombre Gamachu, Korra, Asheti o Darrartu en vez de Sara como sus amig@s.

Esos primeros días en los que vuelvo a recorrer los barrios de mi ciudad, valoro la limpieza de las calles asfaltadas, los semáforos, los parques y hasta a la policía local. Sin embargo miro las encinas añorando las acacias, las farolas sintiendo nostalgia de los atardeceres de mil colores y percibo vacío el anonimato que te da la ciudad en comparación con los saludos respetuosos de los hombres, que se descubren de sus gorras mientras te dicen “salam”, las mujeres que te sonríen vergonzosas sin apenas subir la mirada o l@s miles de niñ@s que se pelean por pasear contigo de la mano.

En el trabajo este síndrome llega a ser un problema, y más si como en mi caso lo haces en los servicios sociales: relativizas todo, cuestionas muchas necesidades de aquí contrapuestas a las de allí, te das cuenta del etnocentrismos que dirige todas nuestras acciones, de que la verdad es algo muy relativo, de que hasta los derechos humanos están tan occidentalizados que nos impiden ver la otreidad…

Intentas estos días, con premura para no olvidar nada, redactar memorias del trabajo realizado durante la estancia, transmitir opiniones de puntos a mejorar y nuevas ideas, planificar proyectos coherentes con las necesidades captadas…y te vas saturando porque no llegas a todo…

Luego van pasando los días, y la vorágine y la rutina hacen que los síntomas vayan desapareciendo y poco a poco regreses a la cotidianeidad. La verdad es que por un lado es un alivio ir superando esa situación de dependencia, de “mono” hacia un lugar y hacia unas personas, volver a disfrutar sin sentirte culpable de todo lo que te rodea… pero nada vuelve a ser del todo como antes: esa semilla creada, ese enganche con esas tierras harán que tu vida sea más complicada pero también más completa. Altruismo lo llaman algunos; para mí es egoísmo puro y duro, porque ya no sé vivir sin Etiopía…

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Gracias por todo a la gran familia de ABAY

Miriam López Falcón

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